Lo mejor de esta semana


Original publicado en KZ#34
¡Léelo en calámeo!
Por Fuyuhoshi
.Año: 2007
.Autor: Mitsuo Iso
.Episodios: 26
.Estudio: Madhouse
.Género: ciencia ficción, drama
.Categoría: shônen

La realidad virtual es un hecho. A través de unas sencillas gafas se puede acceder a un mundo digital superpuesto al nuestro, donde Internet se vuelve físico y se puede interactuar a nuevos niveles con el entorno. El mundo ha utilizado esos avances para mejorar las infraestructuras y la calidad de vida de la sociedad.

Los niños lo están utilizando para jugar a matarse.

Esta es la historia de Yûko, una chica que se muda a Daikoku para que su padre pueda ejercer como jefe de seguridad de este nuevo cibermundo. Siendo ella una niña acaba encontrándose con los otros rapaces del lugar, y acaba entrando en su juego ¿que cuál? Matarse a buscar metabugs, unas piezas virtuales con las que se puede crear herramientas digitales para ganar superioridad sobre tus amigos y así tener más metabugs y – digamos que todos quieren esos metabugs.

O al menos es así al principio.


Dennou Coil es una serie que evoluciona. Al principio toda la intriga parece estar centrada en ver quién puede conseguir más piezas virtuales inexistentes para lograr mejores recursos virtuales intexistentes y así imponerse sobre los demás en una realidad virtual inexistente (como si fuese World of Warcraft en la vida real, en otras palabras), pero a los pocos capítulos el modelo no tarda en pasar a hablar sobre el cómo los personajes interactúan con una realidad virtual y, sobre todo, comienzan a descubrir que quizá ese mundo digital sí que afecta al real… Dennou Coil tiene la gran virtud de poder enmarcarlo todo en la perspectiva de un niño, y tras unos pocos episodios es fácil olvidar que nada de lo que ocurre es real (¿o sí lo es?). Son todo una serie de juegos e interacciones entre niños, y eso logra ofrecer una base perfecta para tratar su tema principal: la interacción del ser humano con la tecnología. Los personajes pasan la mayor parte del tiempo con sus gafas puestas, dominando y manipulando un espacio que se puede traducir en unos y ceros y preocupándose por mantener vivas a unas mascotas que son en realidad un conjunto de polígonos ¿dónde termina lo virtual y comienza lo real? ¿Qué es puro y qué es artificial? La serie plantea una serie de interesantes (y en ocasiones inquietantes) preguntas sobre el futuro de la tecnología y el cómo nos puede afectar una ficción cada vez más real. Vivimos en la era de las redes sociales, donde el hackeo a una cuenta de Facebook o Twitter puede ser catastrófico para nuestras vidas sociales, y donde acceder a nuestro perfil puede dar datos sobre nuestros hábitos de vida, direcciones o números de tarjeta de crédito. Dennou Coil aprovecha la ficción de su ciencia para plantear preguntas sobre esta realidad falsa que se está imponiendo progresivamente y que nos está moldeando.

Pero esto no es Ghost in the Shell, no es una serie reflexiva y retorcidamente filosófica. Esto lo transmite a través de su desarrollo de personajes, gran punto central de su trama, que trata de huir a toda costa de cualquier cliché en lo que se refiere a estereotipos e infraestructura de guión. Es difícil predecir cuál será el próximo movimiento que realizarán los personajes, y muchas veces es difícil encasillar completamente a cada uno de los niños que protagonizan esta serie. Estas son grandes virtudes que permiten crear una trama donde nos preocupemos por cada uno de los personajes y sintamos con ellos cada paso que dan para evolucionar como personas y avanzar en sus respectivos arcos narrativos. Sin embargo, el gran problema de este empeño en el desarrollo de sus personalidades es que la trama principal y el misterio que oculta la realidad virtual se ven opacados por esto. Muchos capítulos consisten en ver a los personajes dar un paso más en sus vidas, comprender algo nuevo sobre ellos mismos o hacer avanzar su relación con los demás, y la trama sobre la relación humanidad-tecnología no comienza a ganar fuerza hasta el último tercio. Algunos dirán que esto permite degustar dos aproximaciones distintas y que en la variedad está el gusto. Otros dirán que quita consistencia a la serie y en última instancia no permite centrarse en lo que ocurre. Pero lo cierto es que esta serie no va ni de lo uno ni de lo otro por separado: hay que verlo con imagen de conjunto. Cuando llegan los créditos del último capítulo todos los planetas se alinean para entregar una historia fantástica y distinta.

Esto se ve acompañado por un despliegue visual sobresaliente, con unas animaciones soberbias y un diseño puni-plush y un uso del color que logran remitir a esa realidad infantil que tanto busca transmitir, ayudando a aliviar el golpe de cada una de las revelaciones y cada una de las miserias que viven sus personajes. Dennou Coil no será FLCL, pero entra por los ojos y siempre se guarda un as en la manga a la hora de sorprender visualmente.

El manganime dicen muchos que está asaltado por copias y que todas las tramas se reducen a unos pocos modelos. Dennou Coil está aquí para demostrar que el anime puede ofrecer más, para hacer ver al mundo cómo la animación japonesa puede explorar temas profundos desde nuevas perspectivas y, especialmente, recordarnos una vez más que aún queda mucho camino por recorrer.
 

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