Lo mejor de esta semana

Me siento viejo. A pesar de que estoy en los veinte, cada vez que veo una de las nuevas remesas de anime –soy más de animación y hubo un tiempo en que echaban por la tele buen anime-, me siento viejo. No puedo evitarlo. Uno recuerda aquella variedad de shônen, shôjo, seinen al cual a un servidor captaban con más o menos fortuna, pero era innegable que algo tenían que me atraían. En estos últimos años, todas las categorías que pueden existir han sido invadidas poco a poco por personajes estereotipados que aunque años atrás tenían en singular ya presencia, no era lo fundamental ni el pilar de la historia. Un personaje tipo, el cual ha ido arrasando poco a poco con todo lo que pillaba en su camino, que ha ido infectando como un virus a toda obra llegando a convertir en toda una historia, un pilar central y en una categoría. Me refiero a lo que denominan Moé, y que curiosamente, no sé por qué, a derivado a confundirse él solito con el Lolicon.

Lo bueno que tiene hacer un artículo de opinión es que puedo decir lo que me salga de las narices siempre que respete a aquellos que realmente se sienten atraídos por estas “no categorías”. Así que lo siento mucho, y aún aceptando críticas y dando paso a compañeros que adoren el moé o el lolicon hagan su defensa en un futuro, pero yo debo decir una cosa: el moé y el lolicon están dando lugar a que comience a odiar la nueva generación de anime y manga que me está llegando a mis ojos. Se está convirtiendo en basura.

No creamos que el menda confunde el termino moé y lolicon porque sí, eso ya lo ha provocado la propia industria en estos últimos años. Por regla general, el personaje moé debe tener una edad menor o rondando los dieciséis, de cierto aspecto afable, desvalida, con cierta ingenuidad o inocencia. No siempre es así, pero es lo general. Es, digamos, la carnaza perfecta para un macho alfa que tras un polvo se iría a por otro cacho de carne. Y un personaje así no está mal en una obra si se sabe utilizar para algo más que no sea adornar una habitación. Un ejemplo puede ser Rei Ayanami en Evangelion, la cual en la serie tiene cierta actitud moé y se convierte rápidamente en personaje fetiche que invade las lujuriosas mentes de los espectadores y el propio protagonista de la serie. Pero aún así hay algo más detrás de ella y se deja a un lado ciertos arquetipos físicos que no provocan cierta petulancia. Petulante intromisión la de la protagonista en la segunda temporada de Darken than Black, ese seinen animado que tan buen sabor de boca dejó en todos los aspectos en su primera temporada y se cargó en la segunda temporada, entre otras cosas, por meter a un personaje moé porque era lo que se llevaba y lo que atraía a masas japonesas onanistas.

El auténtico problema es cuando el moé abunda en demasía, tanto en historias con estas, como en número de personajes en una misma historia. Esto es lo que ocurre en esa categoría sí existente –que no moé- llamado bishojo, y la cual puede salvarse al estar dedicado sólo a esto. En resumidas cuentas, el bishojo nace en esos juegos hentai que tanto daño ha hecho a las novelas visuales que mi amigo Isteye adora y que abundan más que las segundas. Sí, es esa categoría aunada al conocido “harem”, donde más de diez quinceañeras –a no, tienen dieciocho, perdonad-, tienen loco al protagonista y éste pues se las va ligando para llevárselas a la cama y follarlas -con “amor”- salvaje una tras otra. Todas en el fondo algo débiles, algo modositas, aunque en un principio parezcan gatas salvajes, siendo su trama principal la vida cotidiana en la fantasía de un pajillero. Claro, esto se lleva al anime en sus versiones más edulcoradas, a veces creando buenas series que hablan del amor, de la vida y blablabla… pero cuando se apoderan de la parrilla de obras que salen te preguntas en qué mierda se ha convertido el manga y el anime para que las protagonistas moé inunden de pronto cualquier otra categoría –porque claro, su versatilidad es la polla-, desde los puñeteros mechas hasta una de guerras sangrientas o una de abogados. Da igual, da lo mismo, el moé no tiene fronteras y la industria del manga y del anime sólo tiene un lema: si tenemos público que se joda la calidad de una obra, de un género, de una categoría. ¿Quieren jovencitas modositas en altas dosis y con cierto tinte lujurioso para luego sacar spinoff hentais para que sus fanáticos pajilleros puedan desahogarse a gusto? Pues lo hacemos mientras nos paguen, que estamos en una sociedad liberal, libre de prejuicios.

Dicho esto, no es de extrañar que tanta serie moé, sea de la categoría extra que sea, derive por los problemas económicos que el manga y el anime lleva sufriendo también en estos últimos años. Produciendo lo que al parecer una mayoría de publico nipón quiere, o al menos deben venderse como rosquillas.

Precisamente, en estos últimos años, debido a la proliferación de las obras de tinte “moé”, el límite existente entre moé y lolicon comienzan a desvanecerse, porque cada vez los personajes moé comienzan a ser más infantiles pero con la misma idea de “modosismo” –palabra inexistente que proviene de modosa- y cierto aire de lujuria donde con el paso del tiempo uno se para a pensar seriamente sobre lo que ha visto y puede llegar a sentirse un puñetero pederasta. Sí, sí, el lolicon son las historias de personajes lolitas, normalmente menores de edad, más planas que una plancha y con supuesta inocencia infantiloide, donde sólo se busca el morbo de la seducción en tales personajes de niñatas, lo que entraría en la categoría ecchi, para levantar el rabo y poner cachondo al visionador de turno. En realidad, no hay inocencia en ello, porque el autor y encargados de la obra te lo plantean para que no sea así aunque se refugien en ello y en la ficción –cosa que en parte me la suda lo bien o mal que esté moralmente-. Y claro, no confundir lolicon con Lolita, que el movimiento Lolita es muy distinto y nada tiene que ver con niñas calientabraguetas.

Es curioso cómo una categoría inexistente como el moé, originaria del bishôjo, ha ido perdiendo entereza, ha ido perdiendo gusto con el paso del tiempo, para ser un servil del consumo humano, un consumo que a veces puede llegar a ser obsceno. Pero a mi esto me da igual. No me importa saber que tengo un vecino pajillero que le pone palote ver a jovencillas animadas que intentan seducir con sus cuerpos sin curvas. No, allá cada cual. Lo que me molesta, lo que sí me importa, es que ese personaje arquetípico haya creado una categoría que inunda ya casi cualquier categoría sí existente, que desplaza lo que yo denominaría una buena obra, y donde por desgracia ha hecho que la calidad de las obras que salen del país del sol naciente sean de una calidad muy dudables y discutibles, por no decir que me parecen un mojón. Es curioso como una categoría inexistente como el moé comienza a confundirse con el lolicon, donde otra vez me la suda su objetivo calienta braguetas, que como garrapatas, estos personajes se anclen en historias donde realmente podrían sobrar tales personajes o se podría tratar de otras maneras que la hagan más interesantes. Porque sinceramente, de la auténtica magia que podría salir de una obra bishôjo y lolicon, no se ve más que humor simplón calientabraguetas, o carente de sensaciones e incluso sabor.

Sí, me siento viejo. Y aún hoy espero obras de buena calidad, que nos inunden como en los ochenta, o en los noventa, e incluso al principio de este siglo XXI. Pero no, por el momento una plaga con virulencia aterriza en todo género y categoría del manga y del anime. Rezando muchos para que Kentaro Miura, Samura o Rei Hiroe, entre otros buenos mangakas o creadores de anime, no se vean infectados por ese virus que yo llamo moé/lolicon. Y Miyazaki también critica a este arquetipo de personaje, donde una vez dijo:

"Es complicado. Enseguida se convierten en objeto de Lolicon. Por una parte, si queremos tener a un personaje femenino que llame la atención, no queda más remedio que hacerlo lo más encantador posible. Pero ahora hay mucha gente que las representa como si sólo las quisieran de mascotas, y la cosa cada vez empeora más."

Yo sólo acabo diciendo: haced lo que queráis con la ficción creadores y autores de manga y anime. Sólo traedme obras que no estén contaminadas, porque si quiero moé veré bishôjo –o jugaré a él-, y si quiero lolicon ya veré un hentai y así peco en completo.

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  1. A mi este tipo de animes no me gustan nada, y cuando veo algo así, cierro la pantallita y a otra cosa. Me parece lo peor por muchos motivos, tanto personales, como educacionales, como ideológicos.

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