Lo mejor de esta semana

La obsesión de Makoto Shinkai con las profundas conexiones humanas que trascienden la edad, el tiempo o la distancia, nos trae otra fábula romántica con lo sobrenatural de telón de fondo.

Mitsuha es una adolescente desesperada por una vida distinta, lejos de su pueblerina existencia en una remota aldea donde encima debe lidiar con la presión que supone ser la hija del alcalde aparte de sacerdotisa del templo. Pueblo pequeño, infierno grande, dicen. Su ansia le lleva a suplicar a gritos al firmamento el poder reencarnarse en un chico en Tokyo para su próxima vida. Sorprendentemente, la respuesta del destino es tan inmediata como inesperada: sin tener que morir primero, despierta a la mañana siguiente ocupando el cuerpo de Taki, un adolescente tokiota. Creyendo estar en un sueño, Mitsuha se las apaña para hacer de Taki en la escuela y luego en su trabajo a media jornada en un restaurante, en lo que resulta un día razonablemente accidentado. Lo normal cuando de un día para otro despiertas en un cuerpo ajeno. ¿A quién no le ha pasado? Aquí la gracia es que la magia ha funcionado en ambas direcciones, con el pobre Taki (des)haciendo lo propio con la rutina diaria de ella. Para luego volver cada quien a su propio cuerpo al día siguiente y flipar en technicolor con las consecuencias de su intercambio.

La secuencia descrita con anterioridad se repite cada pocos días a la vez que ambos desarrollan un sistema de comunicación a través de sus cuadernos de notas y móviles para indicar al otro qué (no) hacer en su lugar y evitar ser internados en un psiquiátrico por trastorno bipolar o de personalidad múltiple. Y así transcurre este primer acto, como una comedia juvenil de peces fuera del agua con tintes de realismo mágico por parte de unos protagonistas que aceptan como si tal cosa su casual intercambio de cuerpos. Sólo la melancolía de las secuencias iniciales es una pista para el espectador de que esto en realidad no va de risas hasta el final.



Desde el punto de vista de Taki, los ya habituales intercambios dejan de producirse sin previo aviso, iniciando así el segundo acto dramático con la desesperada búsqueda de su compañera de ‘cuerpo y alma’ (por decirlo de alguna forma) y el posterior descubrimiento de la tragedia que les ha separado. La cual no desvelaré aquí ya que la intención es que lo veáis por vosotros mismos.

Descuidad, que hay final feliz. Que esto no es Disney pero tampoco Ghibli. Para bien y para mal. Para bien, por la exquisita puesta en escena y los bellos planos estáticos que nos permiten apreciar tanto de las escenas bucólicas del campo nipón como de algunos de los lugares más emblemáticos de Tokyo, metáforas necesarias de la dualidad de los dos personajes. El fuerte contraste entre la energía bulliciosa de la ciudad frente a la etérea quietud rural.

Para mal, por el tema j-pop metido con calzador que crea contrastes musicales que rompen la ambientación, en lo que de otra forma sería una banda sonora perfecta. Son interrupciones evidentes que parecen contestar más a una lógica comercial que a una concepción sui generis de la atmósfera escénica (que todo puede ser).

El inicio que imita la apertura de una serie de anime crea un horrible precedente que a tenor del éxito cosechado por la película, podría ser imitado. Sin mencionar el hecho de que el impacto dramático de la desaparición de Mitsuha se ve seriamente minimizado por dicha apertura: al mostrarla como adulta, a la audiencia le queda claro desde un primer momento que pase lo que pase, se salvará igualmente. Al traste con el suspense, pero gracias Shinkai por evitarme lágrimas innecesarias.

Por otra parte, un grave agujero de guion sobre el cual se sustenta la clave del argumento (que no puedo explicar sin desvelar la trama pero que será evidente una vez vista la peli) es una seria decepción, especialmente viniendo de parte de quien nos ha obsequiado joyas como El jardín de las palabras o 5 centímetros por segundo, motivo por el cual las frecuentes comparaciones con Miyazaki pueden llegar a antojarse como una insolencia. Ya sabemos que la “jubilación” de nuestra mayor vaca sagrada contemporánea puede haber traumatizado a más de uno tras el vacío prematuro dejado por Satoshi Kon, pero esto no es excusa para ir buscando herederos sin ton ni son. Sin embargo, faltaría a la verdad si no afirmara que la suma de elementos deja un balance positivo a pesar de mis amargas quejas. Es posible perdonar estos deslices y entregarse al disfrute de esta sobrevalorada y agridulce, pero al fin y al cabo bella, experiencia estética.

Ficha Técnica


Nombre Original: Kimi no Na wa.

Director: Makoto Shinkaia

Estudio: CoMix Wave Films

Año: 2016

Género: Fantasía, romance, comedia.

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