Lo mejor de esta semana


     —¡ATCHUÁ! - el aire está lleno de polvo, como siempre que hacemos la limpieza de los armarios, y me hace estornudar. Hacer el cambio de armarios siempre es molesto, fatigoso y aburrido, pero ya no podíamos retrasarlo más, había que sacar la ropa de verano. ZombiD, el tiíto Creepy y yo estamos equipados con delantales, pañuelos en la cabeza, plumeros y paños de agua jabonosa, y tenemos toda la ropa de invierno ya empaquetada. Mi novio, subido a lo alto de la escalera, va sacando las cosas del altillo superior mientras el tiíto las recoge y deposita en el suelo, y yo me encargo de fregotear el piso inferior, ya despejado.

     —Bañadores y toallas de playa... - va diciendo D mientras saca paquetes etiquetados. - pelotas y juegos de playa... cubitos y palas para jugar en la arena... un bolso de rafia... una silla plegable... un cadáver de babosa bípeda caníbal ciega... 
   
      —¡Puagh; voy a sacar esto antes de que apeste todo el castillo! - dice mi tiíto y coge el cuerpo inerte y chorreante de la criatura para sacarlo a rastras al jardín. El que los armarios del castillo sean portales a dimensiones paralelas viene la mar de bien para guardar cosas en el cambio de estación, ¡siempre hay sitio para todo! Pero también tiene sus inconvenientes, y es que si no encuentras algo, es mejor que se quede perdido antes que ir a buscarlo. Claro que a veces, también encuentras algo que no habías visto jamás; en los armarios han aparecido vestidos, juegos, y toda clase de objetos procedentes de otros armarios de distintas partes del mundo. Si alguna vez se os cae un dado de la mesa y éste nunca vuelve a aparecer, estad seguros de que saldrá entre las bolsas de nuestros armarios la próxima vez que los limpiemos. Claro que mis armarios, no son la única puerta a otra dimensión, hay otra muy cerca de vosotros, una que se abre con la llave de la imaginación, y de ella vamos a hablar. Hoy, en Cine Freak Salvaje: En los límites de la realidad. 

     


  Hoy día, mucha gente me dice que esta es la edad dorada de las series televisivas, que nunca se habían hecho tantas, ni tan creativas como ahora, y que nunca se había conocido un estallido de series como el actual. Y como yo soy una persona a quien no le gusta romper la ilusiones de los demás, no les digo que lo llevan peor que ese que creyó haber dado con la solución para comprar gasolina, vendiendo el coche. Lo que sí puede que sea cierto es que ha sido en las dos últimas décadas (sí, queridos nietecitos, ya estamos acabando la segunda década del siglo XXI) cuando más series extranjeras han llegado a España y sido aceptadas por el público, pero éste no ha sido -ni mucho menos- el primer boom de series. En los años treinta, ya los seriales radiofónicos copaban buena parte de la programación del marconiano invento, y en los cincuenta y sesenta, en los Estados Unidos se vivió la primera edad dorada de las series televisivas. Desde comedias costumbristas como Te quiero, Lucy, a la ciencia ficción de papel de aluminio de las series de Irwin Allen como Perdidos en el espacio o El túnel del tiempo, pasando por Los Munsters o el primer Batman, los años sesenta fueron la verdadera edad dorada de las series. Y una de ellas, fue precisamente En los límites de la realidad. 



     En los límites de la realidad, también conocida como La zona crepuscular o La dimensión desconocida, se trató de una serie de los años cincuenta y sesenta creada por Rod Serling. Al estilo de los episodios de "Alfred Hitchcok presenta", cada entrega contaba una historia completa e independiente de las demás, en las que siempre se intentaba sembrar el miedo o la inquietud en el espectador. La serie tuvo un gran éxito de público y crítica y se rodaron nuevas temporadas de la misma en los años ochenta y principios del 2000, y también durante la década de los ochenta, surgió la idea de llevar la serie, a cine. 


   De la mano de John Landis y Steven Spielberg, grandes adoradores de la serie original, y con guión de ellos mismos y Richard Matheson (autor de reconocido prestigio, con novelas como La mansión infernal en su haber), se creó una adaptación fílmica que constaba de cuatro episodios, tres de ellos eran revisiones de capítulos ya existentes, y otro de ellos creación original para la cinta. Las historias de historias, en el cine de terror o ciencia-ficción son relativamente comunes, como podemos ver en cintas como Refugio macabro, y la celebrada Sin City o la divertida Cuatro habitaciones también se crearon en base al mismo sistema. Se trata de un recurso muy efectivo que permite disfrutar de varias historias en una sola proyección, que cada una sea protagonizada por un actor conocido, dirigida con los toques de un director determinado, y que no permite que la acción decaiga o se haga pesada por una duración excesiva; aquí, el espectador no va a contar con más momentos de respiro que la narración que separa a un cuento de otro, lo que permite una inmersión cinematográfica muy alta, y una sensación constante de deseo infantil, de "cuéntame otro cuento". 


     En la introducción de la cinta podemos ver a dos hombre haciendo un viaje en coche (uno de ellos
es un joven Dan Aykroyd. Aún ni se había puesto el equipo de protones, puesto que Los Cazafantasmas se estrenaría casi dos años más tarde). Al estropearse la cinta musical que están oyendo, deciden jugar a adivinar programas de televisión tarareando las canciones de los mismos. Uno de los temas, es el perteneciente a la serie en la que está basada nuestra película y, hablando de ella y del miedo que se pasaba, el personaje de Aykroyd le pregunta a su acompañante si le gustaría ver algo que dé miedo de verdad. En la primera historia, conoceremos a un hombre amargado, un terrible racista que piensa que su país está dominado por judíos, negros, chinos... y que éstos le roban las oportunidades y cosas buenas que deberían ser para él. Cuando, enfurecido porque le han llamado la atención, abandona el bar en el que estaba, descubre con asombro que ya no está en el aparcamiento, sino en la Francia ocupada por los nazis, quienes le toman por un judío. Cuando trata de escapar, se encuentra siendo cazado por el Ku-Klux-Klan (entre los extras, vemos a un jovencísimo John Larroquette. Si no le conocéis, aquí va otra serie; Juzgado de guardia), o perseguido por el ejército en Vietnam...*

 
 En la segunda historia, nos trasladamos a una residencia de ancianos en la cual sus inquilinos, aburridos y desencantados, ansían volver a ser jóvenes. Un nuevo residente, el sr. Bloom, les invita a que jueguen una vez más como niños, y para ello, quedan esa noche para jugar al escondite. Cuál no será su sorpresa cuando durante su juego, se convierten en niños. En la tercera historia, una joven maestra está a punto de atropellar accidentalmente a un niño con su coche y, preocupada por él y por haberle estropeado la bicicleta, le lleva a su casa. En la misma, todo es tan colorido como extraño, y los familiares parecen tener miedo del chiquillo. Por fin, la cuarta historia, protagonizada por John Lithgow, nos cuenta la desventura de un hombre con pánico a los aviones que se encuentra precisamente en uno. Al mirar por la ventanilla, cree ver fuego en un motor y a alguien en el ala, intentando arrancarlo. Su horror causará preocupación en el personal de vuelo y miedo y antipatía en el resto del pasaje, pero se desbocará por completo cuando se dé cuenta de que no se trata de ninguna alucinación producida por el miedo (en varios episodios de la serie Cosas de marcianos, protagonizada asimismo por John Lithgow, se producen varios guiños a éste cuento). Si he de elegir uno, éste sería mi favorito.


     En los límites de la realidad es una película bien llevada, cuya factura nos deja ver que sus
creadores estaban en todo momento haciendo algo que les gustaba, acerca de algo que les gustó más aún, que les hablaba de su infancia y de su amor por los contenidos audiovisuales y las historias emocionantes. Es una película entretenida, que quizá no llegue a producir terror si pensamos en sustos, pero sí nos ofrecerá historias inquietantes, que nos emocionarán, nos mantendrán en tensión y nos harán pensar. Y si alguna vez alguien os pregunta si queréis ver algo que dé miedo de verdad, por si acaso: decidle que no. Cinefiliabilidad 4, lo que significa que es fácil de ver, pero es más bien una pieza histórica y un compendio de historias curiosas y extrañas, que una cinta de auténtico miedo. 

     *Durante la secuencia de Vietnam, vemos a un pelotón de soldados extraviados, y uno de ellos dice "os dije que no debíamos haber matado al teniente Niedermeyer". Me chocó. ¿No era suficiente decir "al teniente"? Y como yo soy así, tuve que parar la película y ponerme a buscar. En efecto, allí había un guiño. En la película Desmadre a la americana (Animal House. De los títulos traducidos ya hablaremos otro día), en el epílogo, nos dicen que un personaje particularmente antipático, fue asesinado en Vietnam por sus propios hombres. Ese personaje, se llamaba Niedermeyer. Por favor, un aplauso para John Landis. 


Conductores que pueden llevarte muchísimo más lejos de lo que te gustaría. Menos mal que no es taxista.


"¿Les apetece fruta, u otra clase de postre?" Si no coges esta frase, tienes que ver más cine. 

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